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La Prehistoria

Resulta extraño que los primeros vestigios de presencia humana en la cornisa cantábrica resulten excesivamente modernos con respecto al resto de la Península. La demora es realmente notable, teniendo en cuenta que abarca sólo desde el final del Paleolítico Inferior, rondando los 100.000 años, mientras que en la Península casi se alcanza la profundidad del millón de años. Pero es que aún resulta más curioso si se tiene en cuenta que las evidencias del Paleolítico Superior en la Cornisa Cantábrica son de las más numerosas e importantes del mundo. Y la sorpresa es incluso mayor al observar que la zona en donde aparecieron los restos humanos más antiguos de Europa se encuentra a menos de un centenar de kilómetros de Cantabria, en Atapuerca, a unos 15 kilómetros de Burgos, con una profundidad de 800.000 años.

Sin referencias de nuestra propia provincia poco podemos hablar de la zona que nos ocupa, pero, aunque en la comarca del Pisueña no existen datos de actividad humana hasta la época medieval, en los valles que la envuelven podemos encontrar vestigios de gran relevancia, como el conjunto arqueológico del Monte del Castillo, en Puente Viesgo, que contiene los elementos más antiguos de la prehistoria de Cantabria datados entre hace 80.000 y 120.000 años. Algunas ocupaciones prehistóricas documentadas, relativamente cercanas, que podemos citar son: Cueva Morín, La Peñona y El Oso, en Villaescusa; EL Pendo en Camargo; La Garma en Ribamontán al Monte; Horno de la Peña y Sovilla, en San Felices de Buelna; El Salitre, El Puyo y Rascaño, en Miera; La Llosa en Obregón de Villaescusa; conjunto megalítico de Quintana, en Toranzo; enterramientos neolíticos en Villanueva de Villaescusa; y como no, aunque un poco más alejadas, la importantísimas Cuevas de Altamira y sus asombrosas pinturas magdalenienses.