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La Muda

Hasta hace no muchos años la forma de vida de estas familias estaba condicionada por la “muda”, que consiste en el traslado según las diferentes temporadas del año de una cabaña a otra en busca de pasto para el ganado. En verano se producía la muda más larga, en ésta la familia se dividía para atender al ganado y a la recolección de la hierba. También era la estación estival la época en que se trasladaban a las branizas o pastos de altura, mientras que en el invierno habitaban todos juntos en las cabañas vividoras, ya que debían ir de cabaña en cabaña mientras durasen los tascones (la hierba de los pajares).

La muda implicaba además del desplazamiento de toda la familia, llevar lo necesario de ropa, útiles de cocina y por supuesto trasladar los animales, desde las vacas, las gallinas, el cerdo si lo tienen, e incluso el gato o el perro. Cómo se realizan estas mudas aparece reflejado en el libro de Juan Ibáñez Martínez-Conde, El valle del Pas sin salida al mar. En una nota a pie de página, hay un artículo de un niño de once años que describe para la revista infantil Chátara como se realiza la trashumancia pasiega:

“La muda es una costumbre en la vida de los pasiegos. Cuando hay que cambiar de casa las vacas, hay que coger todas las cosas y llevarlas también. Así al empezar el verano hay que mudar a la braniza, y es la muda más larga y que más cuesta porque hay que llevar todas las cosas para pasar el verano.
La noche antes se suelen preparar todas las cosas. Se mete la ropa en sacos, las mantas, las sábanas, etc. Se cogen todos los calderos, las palas de la cuadra, los medicamentos de las vacas, los pucheros, platos, etc.
A otro día bien de mañana, “se carga la burra”: se le ponen encima todas las cosas y muy importante es el gato, que se mete en un saco y se ata por arriba y se cuelga en la burra. También las gallinas dan guerra para mudarlas; se les atan las patas y se meten en los cuévanos de la burra y por arriba se tapan para que no salten.
Después viene lo más importante. Hay que empezar a “empialar” las vacas y no puede faltar el campano de muda o de “esquila”. Cuando están todas las vacas en su “cibia” y su “pial”, se abren los portillos y salen todas las vacas y la burra y si hay chon también sale el chon. En primera fila va el “apiador” y todas las vacas detrás en cuerda, hacia la braniza a pasar el verano, para después en agosto volver a repetir la muda para abajo. (Ángel Ortiz Arroyo, “La Muda”, Chátara nº 2 Escuelas Unitarias del Valle del Pas, marzo 1984)."

Esta trashumancia ha dibujado el paisaje típico de estos pueblos, reflejado en los cercados de piedra de las laderas de las montañas, en cuyo interior se levanta una cabaña con uno o varios prados, las llamadas fincas. El número de mudas que realicen al año dependerá del número de “llaves” (es decir de fincas con cabañas) que tenga la familia.

Estos continuos cambios de residencia hacen que las relaciones con otros vecinos sean escasas y se limiten a coincidir con algunos de ellos durante unas pocas semanas en estas fincas. Se convierte de esta forma la familia en un elemento social esencial entre los pasiegos, que viene a sustituir a otras relaciones con personas de su entorno. Su grado de aislamiento dependerá de dónde esté situada la cabaña, habrá días incluso semanas que no hablen con personas ajenas a su familia. Este aislamiento existió hasta época no muy lejana (año 1.980 aproximadamente), y era especialmente duro y largo en las zonas más montañosas y accidentadas, lo que pudo ser la causa del carácter reservado y huidizo del pasiego que ya habíamos mencionado anteriormente.

En la actualidad, en el municipio de Selaya no se puede hablar de este confinamiento, ni tampoco de la práctica de la muda de un modo predominante, como todavía se hace en la vecina Vega de Pas, donde sigue siendo un método habitual que se puede ver en determinadas épocas del año. En Selaya, aunque cada familia pueda tener varias cabañas, trasladan únicamente al ganado, que suele ser las vacas menores o estiles, es decir las que no se destinan a la producción de leche, mientras que ellos se quedan en su hogar, de forma permanente, con las vacas “mayores” dedicadas a la explotación de leche.