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La Edad Antigua

Cántabros y Romanos. Al final del Bronce, en torno al 700 a.C. se van conformando los distintos pueblos prerromanos, a partir de diferentes oleadas migratorias célticas. El pueblo cántabro surgirá de un sustrato nativo precéltico, una importante influencia celta, y posiblemente algún aporte ibérico. Hasta hace poco la ocupación cántabra se situaba al sur de la Cordillera Cantábrica, un terreno menos inhóspito que la zona norte, pero nuevos trabajos han demostrado que tal ausencia era debida a una falta de estudio de este área, donde han aparecido recientemente castros como el de la Espina del Gallego y el Campamento de Cildá, ambos en la divisoria de los valles de Toranzo e Iguña, o como el castro de La Garma, en Omoño, Castril Negro, en Peñacabarga, etc.

En esta época su economía ya se basada fundamentalmente en la ganadería, sobretodo la caprina, porcina y equina. La agricultura, más propia de la zona sur de la provincia, no debía ser demasiado productiva, ya que se han documentado numerosas escaramuzas de saqueo (razzias) en las cosechas de la meseta. Otras formas de actividad serían la explotación minería, la recolección, la caza, la pesca, el marisqueo,… El comercio exterior aparece testimoniado con la aparición del “caldero de Cabárceno”, con talla de las islas británicas. Su estructura socio-política seguramente se reducía a la existencia de tribus y clanes, muy apropiadas para la actividad guerrera, su religión era de tipo politeísta, y no tenemos ninguna prueba de su escritura, posiblemente no la practicaron.

Los cántabros junto con los astures, fueron los últimos pueblos peninsulares en ser sometidos por Roma, será en las Guerras Cántabras entre los años 29 y 19 a. C., de las que tenemos evidencias arqueológicas bien cerca de la zona que nos ocupa, en los restos del castro de la Espina del Gallego, importante zona de acceso al a provincia, con los campamentos de Cildá, el Cantón o La Collada, en Tarriba (San Felices de Buelna).

Tras la Pax Romana, en el 19 a. C., los romanos intentaron colonizar la zona estableciendo importantes núcleos como Julióbriga, en Retortillo (Reinosa), o Flavióbriga, en Castro Urdiales. Hicieron que los cántabros abandonasen sus castros y se estableciesen en los valles, y explotaron sus minas transportando el mineral por los numerosas calzadas y puertos marítimos que fundaron para ello. A pesar de todos los intentos, la zona norte sería la menos romanizada de la Península, encontrándonos con restos de cultura indígena hasta bien entrado el Imperio. Lo único que cabe destacar de tal influencia, es la pérdida de su lengua sustituida paulatinamente por el latín. Por ello, con la caída del Imperio en el siglo V, y la anarquía favorecida por la entrada de los pueblos germanos, los cantabros recuperarían su independencia y tradiciones. Ni siquiera el cristianismo arraigaría, hasta que en el siglo VIII, la presión de la cultura musulmana y la acogida de gentes del sur más cristianizadas, lo hicieron viable.