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El Comercio

Además de en el contrabando, los pasiegos destacaron por sus grandes dotes para el comercio del siglo XIX. Fueron muchos los que comenzaron vendiendo de forma ambulante. Al principio iban a diferentes mercados de la comarca con sus productos a cuestas en el cuévano o con la ayuda de un burro, recorrían grandes distancias con los quesos y la mantequilla que elaboraban en sus casas y que tenían gran aceptación, pues eran muy ricos en grasa.

Finalmente también fueron muchos los que acabaron abriendo tiendas en lugares que les dieron grandes beneficios, en zonas como Torrelavega o Santander, donde hay establecimientos que conservan nombres pasiegos. Pero hay que destacar otras actividades comerciales que sirvieron de complemento en las épocas de escasez económica como fueron los Agualojeros u Oficiales de Loja, que traficaban con una bebida refrescante compuesta de agua, miel o azúcar y alguna sustancia para aromatizarla. A estas actividades tan lucrativas, se dedicaron sobre todo los pasiegos y los carredanos.

También hay que mencionar a los Barquilleros, vendedores ambulantes que tuvieron industria en Luena, Bejorís, Entrambasmestas y Selaya. Al igual que los agualojeros, estos barquilleros solían ir por todas las festividades más concurridas, tanto dentro de la propia provincia de Santander como en Castilla, para hacer una mejor venta. Algunos incluso llegaron a emigrar a Francia para ejercer esta profesión, llevando siempre a cuestas las famosas barquilleras, una caja cilíndrica y metálica. El barquillero o el comprador accionaba una ruleta que tenía la caja en la tapa. La suma total de los números que acertaba el cliente en 3 tiradas, indicaba los barquillos que había ganado.

Este comercio era realizado por jóvenes, hombres y mujeres e incluso matrimonios que intentaban hacer fortuna, aunque todos tenían un sueño común: poder regresar algún día a su tierra y establecerse con una ganadería.